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mayo 1, 2007
Ella sonríe, escuchar su voz siempre la hace reír. M. mira desde lejos, sabe que ella ríe porque está hablando con él. No solo hoy la mira, la mira siempre, y sabe exactamente cómo sonríe cuando habla con él, porque no es la misma sonrisa que ella pone cuando escucha un chiste, no es la misma sonrisa que le regala al chico que vende frutas, no. Esas sonrisas ni siquiera se parecen a la que le entrega a él, es una sonrisa completamente especial, M. lo sabe. M. sabe perfectamente como ella pone su boca cuando habla con él, porque M. la mira desde lejos, siempre la mira y solo quiere que ella le regale esa sonrisa. Es lo único que piensa cada vez que ella va a hablar con él desde el teléfono público de la panadería. Solo quiere su sonrisa.
in – feliz
abril 11, 2007
Creo que todas las mujeres somos infelices. O peor, nos gusta ser infelices.
Cada vez que en mi vida la mierda aflora tapando todo y llenando cada minuto de feos recuerdos, pensamientos y preocupaciones casi inventadas; me da por revisar por enésima vez tus cartas y mensajes. No es agradable. Los trozos de papel llenos de palabras que terminan siempre con un te amo no me hacen ser más feliz ahora, más bien me vuelven más triste y melancólica. Soy una idiota, en vez de revolver nuestro pasado debería olvidarte y saltar como loca sin problemas. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y a mi aún me quedan muchas cosas por perder.
Debería quemar tus cartas, tus regalos, borrar tus mails y tus mensajes de mi móvil, suprimirte de mi msn y borrar tu número, dejar de relacionarme con los amigos en común y conocer a uno que quiera emborracharse conmigo. Pero no lo hago. ¿Sabes por qué? no es por la esperanza, porque la verdad es que las posibilidades de reconstruir tus te amo son cada día más lejanas. Simplemente no lo hago porque no tendría en quien pensar cuando todo este feo cuando las cosas salen mal, cuando las cosas no funcionan. No tendría mensajes ni cartas viejas que leer, no tendría nada que me hiciera recordar que hace algún tiempo me repetías infinitamente te amo.
No quiero dejar de amarte, porque quiero ser infeliz.
Sabes qué es lo que quiero?
marzo 20, 2007
Quiero estar contigo bajo una lluvia de verano tragando helados de chocolate y disparando fotos a nuestros pies.
No sé porque cuando apareciste se dibujó una sonrisa en mi cara. Es extraño, porque me prometí que nunca más me pasaría algo así con un hombre al que no he visto sonreír por mis chistes idiotas. Pero supongo que no puedo mandar en las sonrisas que se dibujan en mi cara cuando te veo.
Te contaré un chiste idiota uno de estos días, para ver si te ríes tiernamente sin parar. Quizá lo haga después de haber pasado un día contigo saltando bajo la lluvia de invierno tragando helado de chocolate. O quizás lo haga cuando tengamos seis hijos y vivamos en un condominio.
En todo caso, si no te ríes de mi chiste idiota te dejaré solo en ese mismo instante, con el helado de chocolate derritiéndose en tu mano y las fotos de nuestros pies colgadas en la pared. Yo no puedo estar con alguien que no sepa reírse de mi.
Odiate un rato.
marzo 19, 2007
domingo, marzo 4. 2007.
Estoy tratando de averiguar cual ha sido el error más grande que he cometido los últimos años. En general, quiero saber qué es lo que me ha traído más mierda y malos momentos. Porque decidí que ya no quiero ser como esas personas que no se arrepienten de nada de lo que hacen como si sus decisiones fueran geniales y perfectas. Yo desde ahora me arrepiento.
Quizás el más grande de todos mis errores ha sido andar regalando mis teamo a hombres que no tienen ni ganas ni tiempo de cuidar mi corazón como corresponde, y lo dejan tirado y destrozado. Me hubiese ido mejor regalando mis besos en fiestas adolescentes de sábado por la noche, o vendiéndolos a cien pesos en una esquina para comprar licor o alguna droga que me hiciera olvidar. Por lo menos así no habría terminado realizando eternos monólogos amorosos todas las tardes ni escribiendo cartas que nadie leerá porque terminan en la basura.
Así que nunca más regalaré mi corazón al primero que me prometa una casa con un perro y un canario. Es lo más tonto, ñoño, denigrante y patético que una mujer puede hacer.
Me enoje conmigo.
Son Cuarenta o diecisiete.
marzo 19, 2007
lunes, febrero 5. 2007.
Cuarenta desde que se fue.
Y 17 desde que yo llegué. La edad a la que ella quería volver, y de la que yo quiero escapar lo más rápido posible.

Sí, mi nombre es gracias a ella. En realidad, es gracias a mis padres, o más bien es gracias a lo que ella provocó en mis padres en esos años locos en los que había que cantar bajito para que los malos no te fueran a escuchar.
Cuando era chica, me cargaba mi nombre. Lo encontraba de vieja, muy diferente, distinto a los nombres de los demás. Nadie más se llamaba como yo, y eso me molestaba. Cosas que pensaba a los ocho años. Pero ahora pienso que mi nombre es genial. Cuando tengo la cabeza para saber de donde viene mi nombre, me siento orgullosa de eso. Dicen que los nombre definen la personalidad, y creo que es verdad. Claramente yo no sería la misma si me llamara Daniela, o Camila, o Adelfa. Mi nombre es precioso, a mi me encanta. Violeta Millaray es el mejor nombre para mi. Mis papás le achuntaron como en la lotería.
Y hoy que recuerdo lo que Violeta fue, lo que es y lo que configuró su vida y su muerte; me siento como ella. Me siento como ella cuando estaba en París y se sentía ausente; yo también soy una Violeta Ausente. Me siento como ella cuando Run Run se fue pal norte; aunque mi run run está en el sur, y fui yo la que se vino al norte. Pero tampoco sé Qué he sacado con quererte.
Con sus letras, su música, sus arpilleras y cerámicas ella pretendía mostrar lo que era y lo que era su entorno, lo que era su país, su pueblo y su historia. Yo quiero hacer lo mismo.
Hace cuarenta que ella decidió que ya no podía cambiar los problemas del corazón, y eso quizás no le daba fuerzas para solucionar los problemas del pueblo. Decidió que era hora de que todo terminará. Yo, a mis diecisiete decido que es hora de empezar.
Con la Violeta comparto algo más que el nombre.
Machine.
marzo 19, 2007
El discurso de que el colegio es la mejor etapa de la vida ya me tiene aburrida, así que le rogaré a Dios para no tener que volver a escuchar esa frase en todo el año que viene.
Lo que quiero es básicamente una maquina que me diga cuando estoy haciendo algo bien y cuando estoy haciendo algo mal. Así como una súper computadora que me muestre las consecuencias de todo lo que me sucede. Porque estas ganas que tengo de arrepentirme me están desesperando.
A veces me pasa que no sé como comportarme y al final todo termina mal. También me pasa que hay mil millones de cosas que me molestan y no hago nada por cambiarlas. Y lo peor que me pasa es que no quiero hacer nada.
Ni escribir.
Así que chao (por un ratito no más)
A veces creo que solo yo me entiendo.
marzo 19, 2007
Domindo, agosto 27. 2006.
-Tu conoces a los osos polares???
-No, no los conosco, no he ido al polo norte.
-entonces como sabes q si un oso camina 10 kilómetros hacia el sur, 10 hacia el este, y 10 hacia el norte, vuelve al punto del que partió???
-porque en el polo pasa eso.
Cachai que de repente te dicen que las cosas son así, y hay que aceptarlas no más. Y no hay ningún alegato que hacer, y aunque llores, grites y patalees, dos más dos seguirán siendo cuatro.
Cómo que cuando te mueres te vas al cielo, eso nadie lo ha comprobado, pero es así, y esa es la wea más freak de la vida, que no sabemos qué es la muerte.
Pero también hay otras cosas extrañas que no entiendo y que no me gustan. Cómo que mierda hago aquí ahora escribiendo esto, como porque soy como soy y porque la adolescencia es tan asquerosa.
Por que si me olvidas y te olvido, nos olvidamos, pero siempre nos recordamos. O como que yo pienso en ti y tú en mi pero no podemos estar juntos. Y todas esas cosas amorosamente lindas que en las películas siempre terminan bien. Un día haré una peli de amor, pero terminara tristemente triste, como Romeo y Julieta, pero moderno, y con dramas de verdad, de esas cosas que pasan todos los días, como comer un chocolate o ir a comprar el pan, no con cosas cuaticas como guerras en países raros, o conflictos familiares; porque esas cosas no le pasan a la violetiii.
A la violetii le pasan cosas raras, pero que al final resultan tan normales como la vida de cualquier juanito perez. Mi vida no es envidiable, pero sin embargo la gente me envidia, y eso me enoja. Hay que envidiar a otra gente, como a Paris Hilton, que puede grabar un disco o hacer una serie cuando se le ocurra, eso es lo único envidiable de su vida, lo demás, pura mierda. Viteh? Entonces todos tenemos un lado bonito y envidiable, pero lo demás no vale la pena. A mi me pasa eso. Y a todos. Como ese tipo que tiene un fotolog bien famoso, y que todos lo postean, eso es lo único envidiable en su vida, lo demás es pura mierda, porque tiene serios problemas psicológicos, y no entiende que eso se soluciona con un psicólogo, y no con un fotolog. Y yo también tengo problemas que no sé solucionar, y me las doy de chica cool y soy lo más mierda e insegura que hay.
Y sabe que más? La vida es mierda a veces. Y dan ganas de llorar, porque uno se pregunta que cresta hago hoy en la noche conectada en msn, siendo q estoy en Europa y debería emborracharme como enferma, pero el msn parpadea, con algunos mas importantes que otros, y yo respondo, con gente que no me ve, y eso es extraño. Y también te extraño. Pero eso ya es otra historia.
Nena, eso es vivir.
marzo 19, 2007
Podría pasarme la vida escribiendo y no me molestaría. Podría poner tilde correctamente en todas las palabras. Podría tomar sol un verano completo, y luego irme al otro hemisferio para seguir haciendo lo mismo. Podría dedicarme a fabricar helados de manjar para aburrirme de ese sabor y superar de una vez por todas mi adicción. Podría mirar una flor crecer (…no, eso no). Podría intoxicarme con chocolate o leer miles de libros y opinar de ellos (o ver mil películas o escuchar mil discos, lo importante es opinar). Podría contar historias, inventadas o no. Podría llenar las ciudades con esténciles de diferentes colores, y después sacarles fotos y mostrárselas al mundo. Podría visitar todos los monumentos de Europa, y luego los de Asia, y luego los de América, y después los de África (… no, los de Oceanía no). Podría plantar un árbol y regar una flor, o hablar por Messenger con gente diferente, o aprender otro idioma, u hornear un pastel o invitarte a cenar o dibujar y pintar. Podría aprender a tocar guitarra, violín o batería. Aprender a cantar y a reírme como payasa, a andar en zancos y a patinar sobre hielo y sobre cemento. Podría contarle un cuento cada noche a una niña diferente, y aprender a jugar fútbol con niños pequeños.
Podría andar en globo aerostático o en paracaídas, para volar como los pájaros (eso suena cliché, pero sería divertido).
O simplemente podría aprender todas las cosas que quisiera, estar con todas las personas que quisiera y hacer todas las cosas divertidas que toda la gente quisiera.
Pero no. Según el manual de ¿cómo vivir en el siglo XXI? (ese que nos leen antes de nacer y que queda guardado en nuestro inconsciente) tengo que terminar el colegio, terminar la universidad, trabajar, casarme, formar una familia, tener hijos y una mascota.
Y eso me apesta.
100 y más palabras.
marzo 19, 2007
Sábado, julio 29. 2006.187
Recuerdos reencontrados
Ella escuchaba el disco favorito de su adolescencia. Él leía el diario gratuito mientras soñaba despierto. A ella le gustaba mirar los zapatos de la gente que había a su alrededor. A él le molestaba ir apoyado en la puerta del vagón. Por un momento sus miradas se cruzaron, ella pensó que revolver sus recuerdos le estaba haciendo daño. Él pensó que a veces los milagros existían. Mientras ella murmuraba la letra de la canción que cantaban esas noches de verano él se poso a su lado. Era la misma voz que le decían “hola, me recuerdas”. Ella pensó en decirle que lo recordaba siempre, que en cada momento del día pensaba en todos los momentos vividos en esos años locos en los que lo único importante era cantar y bailar, pero no pudo. Las palabras salían lentamente. Fueron recordándose y actualizándose durante tres estaciones.
107
rural descubrimiento
Todos bajaban rápido del Metrotren cargando bultos y maletas. El viaje desde la sexta región había demorado más de lo normal. Los pasajeros, en su mayoría colchagüinos y rancagüinos estaban molestos. Nadie se percataba de ellos dos. Estaban ahí mirando todo con miedo y expectación. Arrastraban un bolso pequeño mientras se sacaban las chupallas en señal de respeto. La ciudad comenzaba a despertar a su alrededor. Frente a una pileta llena de manos, entre ellos comentan: Compadre, se da cuenta de que estamos en el mismísimo centro de todo Chile, murmura uno de ellos mientras comienzan a caminar tratando de encontrar las similitudes con su rural Chimbarongo.
Recuerdos de Almacenamiento Masivo.
marzo 19, 2007
viernes, julio 21. 2006.
Sentía que por primera vez me estaba pasando algo realmente genial, que tenía la mayor suerte del mundo, que muchos me envidiaban por lo que me estaba pasando. Me dí cuenta que debería estar feliz, contenta, alegre, eufórica, o por último nerviosa, ansiosa o nostálgica. Pero no. Estaba ahí sentada en el avión rumbo a España y me sentía igual que cuando viajaba en Metro a La Cisterna.
Doce horas después, percaté de todo. Cuando me sentí perdida y sola en el aeropuerto de Madrid, entendí porque lloraban mis amigos y familia cuando me despedí de ellos en Santiago. No los vería en tres años por la puta idea de ir a estudiar al viejo continente.
“Esto no será fácil” me digo mientras buscaba la puerta de embarque por la que saldra mi próximo vuelo. En realidad nada es como me lo imaginaba.
Todos me decían al partir que ésta era una gran oportunidad, que me serviría mucho, que era lo más genial del mundo. ¿Y dónde estaban las cosas geniales ahora que estaba perdida en el aeropuerto de Madrid y todos me miraban con desconfianza?…
Ahora me doy cuenta porque había cruzado todo el Atlántico: para crecer, para madurar y para saber que en todos los lugares del mundo hay ricos y pobres, buenos y malos, racistas y pacifistas. Estar en España no cambiaba nada. Seguía en el mismo planeta solo que la gente tenia un acento diferente. Mejor me armaba de valor y dejaba de hacer pucheros, que eso no servía de nada. Estar perdida en el Aeropuerto de Madrid no era más grave que estarlo en un mall de la Florida. Aquí también hay McDonalds, tiendas Zara y carteles de Coca-Cola. Para eso vivía en un mundo globalizado.
Todo dependía de mí, era mi decisión si estos tres años se convertían en una bella aventura o en una terrible pesadilla. Nada es tan terrible como parece, nada es malo. A veces las cosas buenas vienen disfrazadas de cosas malas pero siempre todo es bueno. Todo sirve me dijo alguien una vez, y es verdad. Aunque lo estaba pasando pésimo, sabía que lo que estaba haciendo era lo mejor, y sabía que no me iba a arrepentir.
Cambiando la disposición que tenía ante las cosas, todo se veía diferente. No había nada malo en lo que estaba viviendo. Era un simple problema. Uno de los miles que tendría que enfrentar en esta nueva etapa. Y estaba feliz de solucionarlo.
